Cultura

Carlota Sobrino: De Mallorca a Bali, redescubriendo su esencia

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A veces, un viaje comienza sin más razón que una corazonada. Así fue como Carlota Sobrino, una mallorquina aventurera, decidió dejar atrás su hogar y volar hasta Bali. A miles de kilómetros de distancia, entre mercados vibrantes y atardeceres espectaculares, esta dietista nutricionista ha tejido una rutina que combina lo profesional con un viaje personal profundamente transformador.

Un cambio radical

Carlota confiesa que su rumbo hacia Bali no estaba planeado al detalle. Tras finalizar sus estudios universitarios, se regaló unas vacaciones en solitario a Sri Lanka que cambiaron su vida para siempre. «Era un viaje para mí misma y sentí una conexión especial con Asia», recuerda emocionada. Esa chispa inicial pronto se convirtió en una necesidad imperiosa de explorar el mundo: «Sin saber muy bien por qué, sentí la urgencia de comprar un billete hacia el otro lado del planeta».

Bali se presentó como la opción perfecta. Como buena mallorquina, el mar siempre le ha llamado: «Necesitaba un lugar donde pudiera respirar junto al océano». Antes de partir hacia la isla paradisíaca, Carlota reinventó su forma de trabajar: digitalizó su proyecto como creadora de contenido y nutricionista para poder llevar a cabo sus actividades desde cualquier rincón del mundo.

Hoy en día, trabaja online en un 80%, lo cual le permite adaptarse a los ritmos locales y empezar sus días temprano con pequeñas rutinas que aún conserva de Mallorca: disfrutar de su café matutino mientras lee o escribe antes de lanzarse a crear contenido o hacer ejercicio en la playa.

A medida que explora las distintas zonas de Bali, ha notado las personalidades únicas que cada área ofrece. En Ubud, la calma predomina y el yoga es parte del día a día; mientras que Canggu vibra con energía saludable y activa: «Aquí comer fuera es más habitual y asequible que cocinar en casa», afirma asombrada.

A pesar del encanto del nuevo hogar, la nostalgia por Mallorca también deja huella: «Echo mucho de menos a mis padres, mi perra Lili y esas largas charlas con mi amiga Marta». Sin embargo, este sentimiento también ha sido una oportunidad para reencontrarse con sus raíces: «A pesar de estar lejos, me siento más mallorquina que nunca».

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