El Atlético de Madrid ya tiene la mente puesta en el gran evento del martes: la final de Copa ante el Barça. Un partido que, tras casi 13 años de espera, podría devolver a los colchoneros al lugar que les corresponde. Y en este camino, Julián Álvarez se ha convertido en una pieza clave. Su gol ante el Oviedo no solo selló la victoria; fue un grito de guerra.
La Liga, por cierto, parece haber pasado a ser un mero trámite para los rojiblancos. Con la vista fija en lo importante, Simeone decidió reservar a sus grandes estrellas. ¿Para qué arriesgarse? Jugadores como Llorente y Griezmann empezaron desde el banquillo, mientras su equipo buscaba mantenerse fresco para el choque decisivo en el Camp Nou.
El momento crucial
A pesar de un primer tiempo sin goles, Julián apareció cuando más se le necesitaba. Su tanto no solo trajo tres puntos vitales; también inyectó confianza al vestuario justo antes de un enfrentamiento que puede marcar una época. Todos saben lo que está en juego y eso se nota en cada pase y cada jugada.
No obstante, no todo fueron buenas noticias: Johnny Cardoso dejó el campo preocupado por una posible lesión. En estos momentos críticos, cualquier baja puede ser devastadora.
Al final del partido, Le Normand comentaba: “Sufrimos pero ganamos”. Es cierto, porque jugar así contra un rival desesperado no es fácil. Pero con Julián al mando, estamos seguros de que vendrán muchos más goles y alegrías para los aficionados colchoneros.

