En el mundo del entretenimiento, la guerra entre Netflix y Paramount Skydance por Warner Bros. Discovery ha ido más allá de una simple disputa empresarial; es un reflejo de las tensiones políticas que se viven hoy en día. El jueves pasado, cuando los líderes de Netflix, Ted Sarandos y Greg Peters, anunciaron que se retiraban de la puja, el impacto fue inmediato y resonante, no solo en Hollywood, sino en todo el panorama mediático global.
Un giro inesperado en la narrativa
Aquellos 31 dólares por acción que ofreció David Ellison, hijo del fundador de Oracle y un conocido donante de Donald Trump, marcaron un antes y un después. Ahora que Paramount parece haber ganado esta batalla sin rival a la vista para hacerse con el emblemático estudio, surge la preocupación: ¿qué significa esto para la independencia editorial y política de medios como CNN? La influencia conservadora ya se deja sentir en CBS, donde voces críticas como las del cómico Stephen Colbert, quien finaliza su programa en mayo, han comenzado a hacer eco sobre este cambio radical.
No podemos obviar lo evidente: hay miedo a que CNN siga ese mismo camino. Pero por ahora hay quienes piden calma. El presidente de CNN, Fred Thompson, ha instado a sus empleados a no apresurarse a sacar conclusiones hasta contar con más información.
Aquí está la clave: aunque algunos digan que todo gira en torno al dinero —y tienen razón— también hay un trasfondo político muy potente. Desde hace tiempo se sienten las presiones desde la Casa Blanca. No olvidemos que Trump ha criticado abiertamente a Netflix por tener entre sus filas a Susan Rice, figura destacada durante su mandato presidencial.
No obstante, los demócratas están en alerta máxima. El fiscal general de California ha iniciado investigaciones sobre la compra y figuras como Elizabeth Warren han levantado la voz advirtiendo sobre los peligros monopolísticos que podría acarrear esta fusión. Según ella, unos pocos milmillonarios alineados con Trump intentan tomar control absoluto sobre lo que consumimos.
Aún así, Paramount parece estar confiada; incluso ofrecen 7.000 millones para asegurar su adquisición si algo sale mal con Warner Bros., además de pagar 2.800 millones a Netflix por romper acuerdos previos. Si todo sale como planean —y parece que sí— darán un salto titánico convirtiéndose en uno de los gigantes del entretenimiento mundial.
Pensemos en lo que esto implica: asumirán franquicias icónicas como Harry Potter o El señor de los anillos y propiedades clásicas como Casablanca o Lo que el viento se llevó. ¿Estamos realmente preparados para ver cómo estos cambios afectan nuestra forma de consumir contenidos?

