En el corazón de Palma, un conflicto se avecina. El batle, con el respaldo del PP, ha decidido desalojar a 206 personas que viven en la antigua prisión. Una decisión que deja a muchos preguntándose: ¿es realmente necesario dejar a estas familias en la calle solo para construir una rotonda? La indignación crece entre los afectados, quienes claman al ayuntamiento por soluciones reales y no promesas vacías.
La comunidad alza la voz
Los residentes han expresado su descontento: «¿De verdad Cort solo nos ofrece como alternativa el desalojo?» gritan desesperados. Sus palabras reflejan un sentimiento compartido; no se trata solo de perder un hogar, sino de ser empujados a la incertidumbre sin más opciones.
Por otro lado, la oposición critica duramente esta gestión. Desde las filas de la izquierda, se señala que este es un claro ejemplo del colapso absoluto en cómo se está manejando la seguridad y los derechos humanos en Palma. «¿Han llegado a un acuerdo que no pueden cumplir?» cuestionan, poniendo en tela de juicio la capacidad del gobierno local para afrontar situaciones tan delicadas.
No podemos quedarnos callados ante esta realidad. Es momento de exigir cambios significativos y buscar soluciones que prioricen las necesidades de nuestra gente antes que proyectos cuestionables que tiran a la basura el bienestar comunitario.

