Era un día como cualquier otro, pero el aire fresco de mayo en Mallorca presagiaba algo especial. Hablamos del año 1991, cuando la Vuelta Ciclista a España decidió hacer una parada en nuestras queridas islas. Aquella edición, la número 46, arrancó desde Mérida y concluyó su viaje en Madrid, con un trasiego entre mar y aire que nos llevó hasta las carreteras mallorquinas.
Aquí es donde entra en escena Melchor Mauri, un nombre que resonaría con fuerza entre los aficionados. Defendiendo el maillot de la poderosa ONCE, comenzó liderando desde la crono inaugural. Exceptuando un pequeño tropiezo en la segunda etapa, se mantuvo firme como el líder indiscutible hasta cruzar la meta final en Madrid.
Un espectáculo de ciclismo y emoción
Con su maillot adornado por el logo de Caja Postal, Mauri llegó a Baleares dispuesto a dejar huella. La primera etapa fue una auténtica fiesta: 186 kilómetros llenos de emociones con salida y llegada en Palma. Aunque el danés Jesper Skibby se llevó los aplausos del esprint final, todos sabíamos que lo mejor aún estaba por llegar.
Esa joya del ciclismo se presentó durante la crono en Cala d’Or. ¿Quién puede olvidar esos 47 kilómetros donde Mauri arrasó? Esa victoria prácticamente selló su destino como campeón, aunque quedaban las montañas por conquistar y una última crono acechando al final.
No podemos hablar de esa Vuelta sin mencionar los grandes nombres que rodaron junto a él: Marco Giovanetti, Raúl Alcalá o el mítico Miguel Indurain, quien terminó segundo a casi tres minutos del catalán. ¿Qué significa eso? Que aquel joven navarro ya empezaba a mostrar destellos del gigante que sería más tarde.
Aquella Vuelta no solo fue para recordar al vencedor; fue una celebración del ciclismo donde cada pedalada contaba historias de esfuerzo y superación. Y así, mientras Mallorca celebraba a sus héroes sobre ruedas, nosotros también festejábamos juntos cada momento vivido.

