Las calles de Palma han vuelto a hablar, y esta vez lo hacen con fuerza. En la calle Eusebio Estada, justo cuando la temporada turística empieza a calentar motores, aparecen mensajes que no pasan desapercibidos para nadie. Estos lemas no son solo un grito de protesta; son una invitación a reflexionar sobre lo que realmente está en juego en nuestra querida isla. La llegada de turistas trae consigo un sinfín de beneficios, pero también desbordes que muchos ya no están dispuestos a tolerar.
Un grito contra el monocultivo turístico
Los mensajes como ‘Hotels demolició’ y ‘Mallorca no està en venda’ salpican las paredes del Parc de Ses Estacions, un lugar que debería ser un remanso de paz pero que ahora se convierte en escenario de reivindicación. Este tipo de graffiti ha ido ganando terreno, especialmente en localidades emblemáticas de la Serra de Tramuntana. Pero no solo son pintadas; son una clara señal del descontento creciente entre los habitantes locales. Se siente el aire cargado de frustración ante el avance del turismo masivo que arrasa con nuestras costumbres y esencia.
A medida que nos adentramos en los meses más cálidos, es probable que veamos más manifestaciones como estas. El paso del Ferrocarril de Sóller hace aún más visible este punto crucial para quienes deciden visitar Palma. Y es que estas acciones nos obligan a preguntarnos: ¿hasta cuándo vamos a permitir que nuestro hogar sea tratado como un mero producto turístico?

