En una Baleares donde el sol brilla casi todo el año, hay quienes no pueden disfrutarlo. Carmen, una jubilada que se enfrenta a la dura realidad de vivir con una pensión mínima, se ha convertido en un símbolo de lucha. Al final del mes, su cuenta bancaria parece un desierto; solo queda un cèntim. ¿Cómo es posible que en un lugar tan turístico y próspero haya quienes acaben así?
La injusticia que nos toca a todos
Mientras algunos viven a lo grande, otros apenas sobreviven. Carmen no está sola en esta batalla; son muchas las voces que piden justicia y equiparación con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). «No es justo que los ancianos tengan que vivir con limosnas», dice con firmeza. Y tiene razón: ¿de qué sirve tener un paraíso si sus habitantes sufren?
La situación es alarmante y requiere atención inmediata. Desde Cort hasta el Parlament, los responsables deben dejar de mirar hacia otro lado y tomar decisiones valientes. La dignidad de nuestros mayores no puede estar en juego; necesitamos políticas que protejan a quienes construyeron este lugar.

