Este jueves, la Audiencia de Palma se convirtió en el escenario de un juicio que dejó a muchos con el corazón encogido. Un hombre de 50 años, nacionalidad española, se enfrentaba a acusaciones escalofriantes: haber agredido sexualmente a su sobrina autista, una niña de apenas ocho años, más de 300 veces. Al ser interrogado por la fiscalía, él mantenía su postura firme y repetía: «Nunca la he tocado».
Pero las preguntas seguían cayendo como lluvia fina y cargadas de dolor. ¿Te quedaste alguna vez solo con ella? ¿Le hiciste tocamientos? Las respuestas eran siempre las mismas: «No, nunca». Sin embargo, los relatos sobre lo que supuestamente sucedió entre 2012 y 2016 eran inquietantes. La Fiscalía sostiene que aprovechó las noches en que la pequeña dormía en su casa para llevar a cabo actos horrendos.
Un relato oscuro y doloroso
Durante esos años oscuros, el hombre no solo habría tocado a la niña por debajo de la ropa; también le obligaba a realizarle felaciones. Entre 2015 y 2016, cuando la menor vivió bajo el mismo techo que él, las agresiones se multiplicaron hasta alcanzar al menos siete episodios al mes durante cuatro largos años. Y claro está, todo esto dejó huellas profundas en ella. Tras estos abusos sistemáticos, la pequeña ha tenido reacciones psicológicas devastadoras.
A mediados de 2019, un juzgado decidió que ya era suficiente y le impuso al acusado una orden de alejamiento: nada menos que 500 metros lejos de su sobrina. Ahora estamos aquí, escuchando esta historia desgarradora mientras los ecos del sufrimiento resuenan en el aire.

