La situación en Palma se ha vuelto insostenible. Los residentes de la antigua prisión están al borde del desamparo y sienten que su única opción, según las palabras de uno de ellos, es «el callejón sin salida que nos ofrece Cort». Este desalojo no es solo una cuestión de paredes y barrotes; estamos hablando de vidas, de derechos fundamentales que parecen estar tirados a la basura.
El caos en la gestión municipal
En medio de esta crisis, los políticos no han tardado en sacar sus garras. La oposición critica abiertamente al batle por lo que consideran un colapso absoluto en su gestión junto a la Policía Local. “¿Han llegado a un acuerdo que no pueden cumplir?”, se preguntan indignados. Y no les falta razón: mientras 200 personas aguardan soluciones que nunca llegan, la tensión entre Cort y el gobierno español crece como una bola de nieve.
Todo esto nos lleva a cuestionarnos: ¿hasta cuándo vamos a permitir que nuestros derechos sean vulnerados así? No podemos quedarnos callados ante esta situación; es hora de alzar la voz y exigir lo que nos pertenece.

