En un intenso intercambio de palabras que no dejó indiferente a nadie, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, salió al paso de las acusaciones del primer ministro húngaro, Viktor Orbán. En su respuesta, no dudó en señalar con el dedo a Rusia como la responsable de la destrucción del oleoducto Druzhba. «No es la primera vez que lo hacen», dijo Zelenski con firmeza, instando a Orbán a canalizar su indignación hacia Moscú y no hacia Ucrania.
Las acusaciones vuelan entre fronteras
Todo comenzó cuando Hungría decidió bloquear un préstamo crucial de 90.000 millones de euros destinado a Kiev, alegando que Ucrania estaba saboteando el suministro de crudo ruso. Pero Zelenski se defendió: «Nosotros no somos los responsables de lo que pasó con el oleoducto». En una rueda de prensa conjunta en Kiev junto a Ursula von der Leyen y António Costa, subrayó que hay evidencias contundentes —incluso imágenes satelitales— que demuestran cómo Rusia ha atacado infraestructuras vitales dirigidas hacia Europa.
La situación es compleja. Mientras Zelenski denunciaba los ataques rusos, Von der Leyen también se pronunció: «Estos ataques han tenido un impacto directo en la seguridad energética europea». El mensaje era claro: Hungría necesita alternativas para asegurar su energía sin tener que mirar al Kremlin. Al final del día, ¿quién debería realmente rendir cuentas? La respuesta parece estar más allá de nuestras fronteras.
Y así continúa este juego político donde cada decisión tiene consecuencias palpables para millones de personas. En definitiva, mientras los líderes siguen cruzándose acusaciones, la realidad es que las vidas humanas son las más afectadas en medio de esta tormenta geopolítica.

