Hoy, en una fecha que debería ser de reflexión, las Fuerzas Armadas de Ucrania nos traen noticias desgarradoras. En el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa, el país ha denunciado un nuevo asalto: cerca de 135 drones y un misil balístico han sido lanzados contra su territorio. La situación es tensa y alarmante.
Según la Fuerza Aérea ucraniana, entre los ataques se incluye un misil ‘Iskander’ junto a esos 133 drones. Pero aquí no acaba todo, ya que los sistemas de defensa han hecho lo que han podido, derribando 111 de esos aparatos en varios puntos del cielo ucraniano. Como si esto no fuera suficiente, se han registrado impactos por parte del enemigo en dieciséis ubicaciones distintas. Las autoridades advierten que aún hay numerosos drones merodeando por el espacio aéreo y piden a la población que mantenga la calma y siga las normas de seguridad.
Un lado oscuro en el conflicto
Aún más inquietante es que mientras Ucrania lucha por protegerse, las autoridades rusas también han declarado haber interceptado casi un centenar de drones lanzados desde Ucrania en las últimas horas. Los números son escalofriantes: 23 drones en Bélgorod, 22 en Krasnodar y otros tantos sobre el mar Negro y Crimea, una península cuyo estatus sigue siendo objeto de controversia internacional.
En este juego macabro entre cifras y declaraciones, lo más preocupante queda entre líneas: ¿cuántas vidas están realmente afectadas? Ni Rusia ni Ucrania informan sobre víctimas o daños significativos, como si estas estadísticas fueran simplemente cifras frías. Es tiempo de reflexionar sobre lo que significa vivir bajo esta sombra constante; una guerra que no solo destruye edificios, sino también esperanzas.

