En medio de un invierno que corta la respiración, millones de ucranianos se enfrentan a un sufrimiento diario que no tiene nombre. El director general del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Pierre Krähenbühl, no ha dudado en calificar esta situación como «intolerable». En su reciente visita a Ucrania, subrayó cómo el conflicto ha marcado la vida de tantas familias: «Casi todos han vivido la pérdida de un ser querido o el desgarro del desplazamiento».
Un viaje desgarrador
Krähenbühl estuvo cinco días inmerso en esta realidad, hablando con personas que llevan el peso de una guerra sobre sus hombros. Él mismo confesó lo impactante que resulta ver y escuchar las historias de aquellos afectados: «No hay nada abstracto en el dolor y el trauma», comentó, reflejando lo profundo y tangible que es este sufrimiento. Se reunió con funcionarios del Gobierno ucraniano y también con familias de prisioneros de guerra; cada encuentro era una ventana a un mundo lleno de angustia y esperanza.
Aquellos días también lo llevaron a conocer centros donde la Cruz Roja está haciendo todo lo posible para ayudar a los más vulnerables. Las temperaturas bajo cero son una auténtica condena cuando no hay calefacción ni electricidad por días debido al devastador ataque a infraestructuras. «Es conmovedor encontrarme con los ucranianos enfrentándose a estas condiciones extremas», declaró.
Krähenbühl destacó cómo este conflicto afecta especialmente a quienes ya son vulnerables: ancianos, heridos y familias desmembradas por la tragedia. Y aunque su mensaje está cargado de tristeza, también contiene una promesa firme: seguir trabajando incansablemente para aliviar este sufrimiento. Desde Leópolis, reafirmó su compromiso ante la creciente crisis humanitaria: «Las necesidades son inmensas y vamos a hacer todo lo posible por llevar ayuda donde más se necesita».

