En un giro que muchos ya esperaban, el Gobierno de Venezuela ha alzado la voz este domingo contra la reciente prórroga que ha decidido Estados Unidos sobre su estatus como ‘emergencia nacional’. Desde el corazón de Caracas, donde la política y la realidad cotidiana chocan a diario, el mensaje es claro: no somos una amenaza.
La Administración de Joe Biden ha prolongado esta decisión, que data de marzo de 2015 bajo Barack Obama, en un momento donde las tensiones son palpables. Y es que no hay que olvidar que el presidente Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses en enero tras operaciones secretas, todo mientras ocurrían liberaciones de presos políticos y confiscaciones de petróleo venezolano en aguas del Caribe. Hoy, Delcy Rodríguez lidera este país convulso.
Una historia sin fundamento
El Ministerio de Exteriores venezolano no se ha quedado callado. Han declarado con firmeza que este instrumento jurídico nació sin justificación y alejado de cualquier lógica internacional: “Desde su origen, este instrumento fue concebido sin base objetiva ni justificación real”, lamentan. Y añaden con determinación: “Once años después, la realidad confirma lo que hemos sostenido: nuestro país no representa amenaza alguna para nadie”.
Esta prórroga solo perpetúa una narrativa errónea y divisoria entre dos naciones cuyos vínculos históricos deberían ser motivo de unión. Así lo enfatiza el Ministerio: “Pedirle a EE.UU. un papel constructivo y respetuoso debería ser lo mínimo”. Mientras tanto, los ecos de aviones estadounidenses patrullando cerca de Rusia añaden más leña al fuego en un panorama internacional ya agitado.

