Cultura

S’Hort de Ca’n Tomeu: La lucha del pequeño comercio contra los gigantes

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En el corazón de Palma, S’Hort de Ca’n Tomeu no es solo una frutería; es un trocito de vida y comunidad. Aquí, cada producto que se ofrece va más allá de ser simplemente fruta o verdura; representa un vínculo directo con la tierra y con la gente del barrio. Tomeu, su fundador, recuerda con nostalgia cómo comenzó este proyecto familiar en tiempos difíciles. Con tres hijos pequeños y ante la incertidumbre laboral, él y su esposa decidieron lanzarse al mundo del comercio. «Siempre hemos sido personas del campo, nos gusta el buen producto», dice con esa chispa en los ojos que solo quien ama lo que hace puede transmitir.

Un camino lleno de retos

Los primeros meses fueron complicados. Entre las horas interminables y el pequeño que crecía entre cajas de fruta, la pareja se dedicó por completo a hacer crecer su negocio. «Me levantaba a las cinco de la mañana para ir a ver a los agricultores», recuerda Tomeu mientras sonríe al pensar en aquellos días intensos. Pero lo que realmente le ha mantenido firme durante todos estos años ha sido el contacto humano: «La mayoría de nuestros clientes son respetuosos y agradecen que intentemos ofrecerles lo mejor».

A pesar del esfuerzo diario, competir con las grandes superficies se siente como una batalla desigual. Aunque ellos apuestan por la calidad y los productos locales, muchos consumidores ahora priorizan el precio por encima de todo. «Al principio, un 70% venía sin mirar precios; hoy diría que ese porcentaje se ha invertido».

Pero no todo está perdido. S’Hort de Ca’n Tomeu sigue siendo un referente por su atención personalizada: aquí saben exactamente qué prefieren sus clientes y están dispuestos a aconsejarles sobre lo mejor que pueden llevarse a casa. Al final del día, comprar aquí significa apoyar una economía local donde cada euro cuenta.

En medio del cambio generacional, con su hija al mando ahora también haciendo vídeos en redes sociales para atraer a nuevas generaciones, Tomeu ve un rayo de esperanza. Sin embargo, sabe que el futuro está lleno de incertidumbres: «Quiero que mi hija tenga éxito pero también soy consciente de las dificultades».

Comprar en una frutería como esta no solo implica adquirir alimentos frescos; es también contribuir a mantener viva una forma auténtica de comercio donde cada cliente se siente valorado y parte integral del barrio.

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