En Mallorca, la situación se ha vuelto tensa y preocupante. Desde que la Policía Nacional empezó a utilizar las pistolas táser hace poco más de dos años, estas armas han sido activadas «unas 8 o 9 veces». Y sí, este dato no es solo un número: refleja una realidad que nos toca a todos. La última vez que se usó, lamentablemente, terminó en tragedia con la muerte de un hombre polaco de 47 años.
Un arma bajo la lupa
A partir de enero de 2024, los agentes recibieron sus primeros 30 dispositivos para hacer frente a comportamientos violentos. Ellos mismos lo habían solicitado como parte de un esfuerzo por mejorar su equipo de defensa. Pero aquí viene lo inquietante: esta herramienta va acompañada de una cámara que comienza a grabar hasta treinta segundos antes del disparo. Un intento, quizás, por controlar el uso del arma y asegurar que cada acción quede documentada.
Sin embargo, aunque las intenciones puedan parecer buenas, el riesgo es real. Estas pistolas cuentan con dos cartuchos y pueden disparar ondas eléctricas que afectan al cuerpo objetivo. ¿El resultado? Puede provocar desde taquicardias hasta situaciones fatales. Las descargas son breves —solo duran cinco segundos— pero en ocasiones puede ser necesario repetirlas para lograr inmovilizar a alguien.
Ciertamente, esto plantea muchas preguntas sobre el uso responsable y ético de tales armas en situaciones críticas. La comunidad necesita respuestas claras y contundentes ante un tema tan delicado como este; porque lo que está en juego no son solo estadísticas o números fríos: son vidas humanas.

