Después de la Guerra Civil, las cicatrices y los escombros quedaban a la vista. El bando vencedor no tardó en ponerse manos a la obra para imponer su versión de los hechos, dando un giro a las operaciones que antes había liderado la República para proteger el patrimonio artístico. «La República había hecho de la salvaguarda una cuestión de propaganda, y el franquismo quería borrar ese relato con el suyo», apunta Eduard Caballé, investigador del Institut Català de Recerca en Patrimoni Cultural.
La exposición que nos invita a reflexionar
En este contexto surge una exposición en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), donde se exhiben 135 obras que fueron depositadas por el Servicio de Defensa del Patrimonio Nacional entre 1939 y 1958. Estas piezas, antes protegidas por depósitos republicanos, regresaron a Barcelona bajo la premisa de su recuperación. Pero lo cierto es que, si bien Joaquim Folch i Torres y otros ‘monuments men’ habían salvado cerca de un millón de piezas durante la guerra, el SDPAN simplemente se dedicó a poner etiquetas llamativas como ‘Recuperado del enemigo’. Una forma más de resaltar un nuevo orden político.
«Vemos aquí la cara B de los museos», añade Caballé. Y es que esas etiquetas son solo una parte de una narrativa manipulada. La comisaria Gemma Domènech aclara: «Ni el patrimonio estaba en peligro ni realmente salvaron nada». En efecto, hay documentos que muestran cómo agentes del servicio franquista ya tenían todo clasificado y guardado antes incluso de su supuesta recuperación.
A pesar del desafío que representa exponer estas obras –muchas consideradas incómodas debido a su calidad dispar–, algunas joyas como ‘La planchadora’ o una ‘Cabeza de Cristo’ atribuida a Jaume Cascalls logran captar nuestra atención. Estas piezas son testigos mudos de un pasado complicado y permanecen casi sin reclamar desde hace décadas.
Con esta muestra, el MNAC no solo busca mostrar arte; también quiere analizar cómo afectó la Guerra Civil a la configuración actual de nuestros museos. En sus paredes resuena aún el eco del pasado: obras sin dueño claro siguen expuestas mientras sus historias se entrelazan con las cicatrices históricas que nunca sanarán del todo.

