En la Serie A, el enfrentamiento entre el Milan y el Como no solo se vivió en el campo, sino que también estalló fuera de él. Cesc Fábregas y Massimiliano Allegri protagonizaron un momento de máxima tensión que dejó huella en la sala de prensa. Tras un intenso partido que terminó en empate (1-1), Cesc se vio obligado a disculparse por su comportamiento al agarrar de la camiseta al belga Saelemaekers. «Pido perdón. He hecho algo antideportivo y no estoy orgulloso de ello. Fue un instante cargado de emoción», confesó con sinceridad.
Tensión en los banquillos
El entrenador del Como se refería a esa jugada crucial donde su impulso lo llevó a cruzar una línea que ningún técnico debería traspasar: «Como dijo Chivu, manos quietas, especialmente nosotros los entrenadores». Y es que la protesta del Milan ante la acción fue inmediata, elevando aún más la temperatura del encuentro.
Pero las cosas no quedaron ahí. Allegri, visiblemente molesto, respondió a las declaraciones de Cesc con ironía: «¿Se ha disculpado? Entendido, entonces la próxima vez que alguien se escape por la banda, haré una entrada yo también». Sus palabras reflejan el ambiente caldeado del duelo; todo un tira y afloja entre dos estrategas apasionados por su oficio.
A pesar de las tensiones entre ambos técnicos, Allegri mostró una faceta comprensiva hacia su rival: «Es un técnico muy joven. Le deseo mucho éxito en su carrera porque tiene todas las cualidades para lograrlo». La rivalidad parece estar lejos de ser personal; es más bien un choque entre egos deportivos.
Por otro lado, tras el silbato final, Cesc no pudo evitar rendirse ante la figura de Modric: «Es un verdadero placer verlo jugar… Con 41 años sigue siendo una maravilla sobre el césped». En definitiva, aunque los ánimos estuvieron altos durante gran parte del partido, al final todos compartieron ese amor incondicional por el fútbol.

