Era un día cualquiera en la calle Bogotá, en la barriada de La Soledat, cuando todo se convirtió en un caos. Corría el año 1991 y un inspector de la Policía Nacional, conocido por otros casos que lo hicieron famoso, estuvo a punto de perder la vida. Un atracador fugado de una cárcel en Burgos estaba decidido a hacer lo que mejor sabía: sembrar el miedo y la violencia.
Antonio V.V., un tipo peligroso de 36 años, había llegado a Mallorca con su compañero Juan C.M., quien también había escapado de su prisión. ¿Qué hacían estos dos? Atracar bancos y empresas, como si no hubiera mañana. Desde jóvenes ya habían dejado su huella delictiva en la Isla, pero ahora eran más peligrosos que nunca.
El último asalto
En diciembre de 1990 y enero del 91, sus robos llenaron las portadas de los periódicos. En Algaida, el 4 de diciembre asaltaron un banco armados hasta los dientes y se llevaron un botín jugoso. Y así siguieron, como si fueran sombras acechando a sus víctimas. Pero su suerte iba a cambiar.
El 3 de enero del 91 decidieron atacar otra empresa en Bunyola con una escopeta recortada; amenazaron a los empleados y lograron escapar con una buena cantidad de dinero. Sin embargo, lo que no sabían era que estaban acorralados. Juan fue detenido poco después con parte del botín en casa; solo faltaba Antonio.
Cuando finalmente dieron con él en su escondite en la calle Bogotá, todo estalló. Los agentes llamaron suavemente a la puerta esperando no alertarlo. Pero el caos llegó cuando una mujer intentó cerrarla repentinamente; ahí fue cuando Antonio apareció empuñando su escopeta lista para disparar. El tiro al jefe de Atracos fue cuestión de segundos. El inspector tuvo suerte; le falló por centímetros.
Aquí es donde cambió el rumbo: tras encañonar al delincuente, logró dispararle antes de caer al suelo malherido. Con manchas de sangre aún frescas por doquier, una ambulancia llevó a Antonio al hospital mientras el inspector pasaba por pruebas médicas temerosas tras el tiroteo.
Este episodio quedó grabado como uno más entre muchos hechos trágicos relacionados con la violencia desatada por criminales implacables y nos recuerda lo frágil que puede ser la línea entre vivir y morir en este mundo lleno de riesgos.

