En un giro inquietante de los acontecimientos, Grecia ha revelado que se encuentra trabajando mano a mano con países como Alemania, Austria, Países Bajos y Dinamarca en un plan que podría cambiar el destino de muchos migrantes. La noticia llegó a través del ministro de Migración, Thanos Plevris, quien compartió en una entrevista con el canal griego ERT que la idea es establecer centros de detención para aquellos migrantes que han sido deportados y cuyo asilo ha sido rechazado.
Detenciones lejos del hogar
Plevris no se anduvo con rodeos al mencionar que estos centros estarían ubicados preferentemente fuera de la Unión Europea, apuntando directamente hacia África. La lógica detrás de esta medida es sencilla: si una persona sabe que su futuro inmediato es ser enviado a uno de estos lugares lejanos tras un rechazo en su solicitud de asilo, esto podría actuar como un poderoso disuasorio.
El ministro fue contundente en sus declaraciones, dejando claro que el estatus de protección internacional no debería ser eterno y debe ser revisado periódicamente. Para él, las circunstancias pueden cambiar y con ello también la validez de esa protección. Esto plantea una pregunta crucial: ¿qué sucede con aquellos que encuentran refugio en Europa pero ven sus vidas en peligro nuevamente?
Mientras tanto, la presión sobre Europa para gestionar el flujo constante de migrantes sigue creciendo. Las decisiones tomadas por gobiernos como el griego parecen apuntar más hacia un enfoque estricto y menos compasivo. En este contexto complicado, resulta esencial preguntarnos: ¿dónde queda la humanidad?

