Este miércoles, Bruno Rodríguez, el ministro de Exteriores de Cuba, ha aterrizado en Rusia con un propósito claro: reunirse con Vladimir Putin en medio de una crisis energética que está poniendo a la isla contra las cuerdas. La situación es grave; el reciente ataque estadounidense a Venezuela, su principal proveedor de combustible, ha dejado a Cuba en una situación complicada. Y mientras el Kremlin se mueve para estrechar lazos con La Habana, nosotros no podemos evitar preguntarnos qué significa esto realmente.
La amistad entre Cuba y Rusia se reafirma
Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, ha subrayado durante una rueda de prensa que este encuentro tiene un significado especial en estos momentos tan difíciles para Cuba. «Estamos aquí para apoyarlos», parece decir Peskov al mundo. Además, no solo se reunirá con Putin; también está previsto un encuentro con Sergei Lavrov, su homólogo ruso. Maria Zajarova ha declarado que Cuba es un amigo cercano y un socio estratégico para ellos. Así que ya sabemos: la solidaridad entre ambos países sigue más fuerte que nunca.
Pero lo que realmente resuena son las palabras sobre el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. Desde hace décadas, este cerco asfixiante ha hecho la vida imposible a los cubanos y ahora se ve agravado por las acciones militares contra Venezuela. En este sentido, el compromiso de Rusia es claro: seguir ayudando al pueblo cubano frente a esta presión externa.
Pese a la tensión internacional alrededor del conflicto ucraniano, Peskov asegura que el apoyo a Cuba no socavará los contactos actuales con EEUU sobre Ucrania. Es como si estuvieran jugando al ajedrez mientras otros apuestan por la guerra. Las cartas están sobre la mesa y solo queda esperar cómo se desarrollarán los acontecimientos en este tablero global donde cada movimiento cuenta.

