La Vía de Cintura, ese acceso vital que conecta Palma con diferentes barrios y zonas, se ha convertido en un campo de batalla para los peatones. Cada día, aquellos que cruzan por sus pasos de cebra sienten cómo el peligro acecha. Las rotondas que dan entrada a esta vía son, para muchos, una trampa mortal donde algunos vehículos no parecen tener conciencia del riesgo que corren quienes caminan.
Una lucha constante por la seguridad
«La velocidad a la que entran algunos coches es desmesurada», comenta preocupada una mujer que cruza a menudo el puente entre las cárceles de Palma. Su experiencia no es única; muchos comparten este sentimiento de inseguridad al enfrentarse a un cruce donde los automovilistas parecen olvidarse de su presencia. «Si se detienen en la rotonda todo va bien, pero cuando vienen lanzados… eso sí que es peligroso», añade.
Y si pensamos en otros accesos como el de Son Moix, la situación no mejora. Un anciano, quien acompaña a su nieto casi cada día al Palau d’Esports desde Son Cotoner, menciona lo difícil que puede ser hacerse notar: «A veces ni siquiera te ven», lamenta. La sensación general es clara: los pasos de peatones no protegen.
Las voces del barrio claman por cambios urgentes. Una ciudadana ha decidido no quedarse callada y ha presentado su denuncia a Última Hora. Pide una revisión completa de estos puntos negros y plantea soluciones tan sencillas como reducir la velocidad antes del cruce o mejorar la visibilidad con mejor iluminación. «Estamos abandonados a nuestra suerte», concluye angustiada.
Así nos encontramos hoy: conscientes del riesgo pero sin respuestas claras por parte de las autoridades. Mientras tanto, toca estar atentos y actuar con precaución al avanzar por esos pasos pintados sobre el asfalto donde las vidas pueden cambiar en un instante.

