En el corazón de Europa, hay un conflicto que ya se siente como una eternidad. Desde Madrid, UNICEF ha lanzado un grito desesperado: la vida cotidiana en Ucrania se ha convertido en una auténtica cuestión de supervivencia para millones de niños y sus familias. Con cuatro años ya de invasión rusa, la situación es insostenible. Munir Mammadzade, representante de UNICEF en Ucrania, lo expresa sin rodeos: «La infancia se ha trasladado literalmente bajo tierra».
Infancias robadas
En Jersón, la realidad es aún más cruda. De los 60.000 niños que antes jugaban y reían con sus amigos, apenas quedan 5.000 que puedan vivir sin miedo. En estos días oscuros, aprender y jugar sucede en sótanos fríos y húmedos, donde la única preocupación debería ser el juego, pero donde también hay que lidiar con el miedo constante a los bombardeos. Mamás y papás viven agotados; la hiperalerta no les deja descansar ni un segundo.
Mammadzade comparte su experiencia tras hablar con familias en centros de protección infantil apoyados por UNICEF: «El miedo a ataques inminentes y el confinamiento interminable están dejando huellas profundas en la salud mental de nuestros pequeños». Pero entre tanta desolación brilla una pequeña luz; esos espacios son un respiro frente a los horrores del exterior y revelan una fuerza admirable por seguir adelante.
A medida que nos adentramos en el quinto año de este conflicto desgarrador, nos enfrentamos a cifras escalofriantes: casi 2,6 millones de niños siguen desplazados dentro del país o han tenido que huir como refugiados al extranjero. Mientras tanto, las balas no discriminan; incluso aquellos alejados del frente sufren las consecuencias devastadoras.
Las estadísticas son impactantes: desde 2024 hasta ahora, el número de niños asesinados o heridos cerca de Kiev se ha cuadruplicado. Y eso no es todo; según una reciente encuesta de UNICEF, uno de cada tres adolescentes ha tenido que moverse al menos dos veces buscando seguridad.
A pesar del horror cotidiano, estos niños no renuncian a sus sueños ni nosotros deberíamos hacerlo. Su infancia ha sido arrebatada demasiado tiempo y aún mantienen viva la esperanza. Depende de todos nosotros ayudarles a hacer realidad esos sueños.

