La devastación que ha traído el ciclón ‘Gezani’ a Madagascar es una de esas noticias que nos remueven por dentro. Al menos 59 personas han perdido la vida, y hay 15 desaparecidos. Las heridas son muchas, con 804 heridos reportados, un golpe duro para una nación que ya enfrenta desafíos diarios. Este trágico balance lo ha hecho público la Oficina Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (BNGRC), y los números asustan: casi 424.000 personas afectadas en 25 de los 114 distritos del país.
Una situación crítica que no podemos ignorar
No se puede mirar hacia otro lado cuando el centro y el este de la isla están sufriendo las peores consecuencias. En total, hay 16.428 personas desplazadas; más de 11.000 se encuentran en centros de acogida, mientras que otros han tenido que refugiarse en casas de familiares o amigos. Y por si fuera poco, alrededor de 49.000 viviendas han sufrido daños, con unas 27.000 inundadas. Esto es más que un desastre natural; es una llamada urgente a la acción.
El Gobierno madagascariense no ha tardado en reaccionar, declarando el pasado 11 de febrero el Estado de Desastre Nacional debido a los estragos causados por esta tormenta feroz. Han hecho un llamado desesperado a la solidaridad nacional e internacional, priorizando ayuda para refugios y distribución de alimentos y agua potable.
Afortunadamente, organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Comité Internacional de la Cruz Roja ya han aprobado una ayuda inicial de $1.250.000, pero esto es solo un pequeño paso frente a lo necesario. Otros organismos también se están movilizando para aportar su granito de arena.
No podemos permitirnos olvidar lo que está ocurriendo allí; cada uno cuenta y cada gesto suma en momentos así.

