En pleno corazón de las Islas Baleares, la conversación sobre la saturación turística se vuelve cada vez más intensa. A veces parece que el Gobierno del PP ha decidido dejar de lado el pacto por la sostenibilidad que tanto prometía. ¿Acaso hemos llegado a un punto donde el interés turístico es más importante que nuestra propia calidad de vida?
La realidad es que hay un claro desinterés por parte de las autoridades para abordar este problema. Nos encontramos ante un modelo balear que, en lugar de evolucionar, parece aferrarse al pasado, como si tocar algo pudiera romper una especie de hechizo encantado. Sin embargo, es hora de abrir los ojos y ver lo evidente: la saturación turística está afectando a todos, desde los locales hasta aquellos que vienen buscando disfrutar de nuestras playas.
Una comunidad cansada
No se trata solo de estadísticas; se trata de personas. Imagina a un joven atropellado en la carretera entre Lloseta e Inca o situaciones tensas en Formentera tras incidentes violentos en centros juveniles. Estos son hechos que nos afectan directamente y reflejan una realidad preocupante. Nos preguntamos: ¿dónde queda el compromiso social en medio del caos? Y mientras algunos intentan desmentir rumores y teorías sobre temas migratorios, otros viven situaciones diarias donde su salud o seguridad está en juego.
A medida que seguimos celebrando aniversarios como los 123 años desde la primera lectura pública de La Balanguera, debemos recordar qué significa realmente cuidar y proteger nuestro hogar. Porque cuando hablamos del futuro turístico, no podemos seguir tirando a la basura nuestra esencia ni renunciar a lo verdaderamente valioso.

