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Bar Bosch: 90 años de historia y sabor en Palma

MallorcaHora - Palma
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El Bar Bosch, un emblema de Palma, sopla velas. Y no son pocas. Este histórico local abrió sus puertas el 15 de febrero de 1936, justo cinco meses antes del estallido de la Guerra Civil. Desde entonces, se ha convertido en el lugar donde se dice que nació la famosa ‘llagosta’, un plato que muchos palmesanos consideran parte de su ADN gastronómico. Con una decoración sencilla pero elegante, fue inaugurado por don Jaime Bosch Covas, quien recibió a los primeros clientes con vinos generosos y deliciosas pastas.

Un legado que perdura

Manuel García Gargallo, historiador y amante de las crónicas antiguas, ha rescatado del olvido este momento tan significativo para Palma. Tras la jubilación de Jaime en 1975, Onofre Flexas tomó las riendas del bar junto a sus hijos, quienes ahora se preparan para celebrar este aniversario casi centenario con muchas ganas. «Haremos algunas reformas en la planta baja para mejorar la experiencia», comenta Onofre padre mientras mira hacia su terraza llena de vida.

Las historias sobre cómo surgió la ‘llagosta’ son curiosas. Según cuenta Onofre hijo, hay dos versiones: la lógica y la romántica. La primera habla del panecillo tostado con tomate que adquirió ese tono rosado característico; mientras que la segunda relata cómo un cliente pidió el bocadillo más barato y terminó enamorado del sabor singular que ofrecía el bar. Desde entonces, han servido hasta 600 llagostes al día, convirtiéndose en auténticos expertos en esta delicatessen local.

A lo largo de los años, Bar Bosch ha sido testigo del paso del tiempo en Palma: «Aquí venían artistas y celebridades como Chenoa o Michael Douglas después de sus funciones», recuerda Onofre padre con nostalgia. Sin embargo, lamenta cómo ahora parece que todo cierra a medianoche: «Antes había vida en las calles; hoy parece que Palma está muerta».

A pesar de los cambios y nuevos locales que han ido apareciendo por toda la ciudad, Bar Bosch sigue siendo un refugio tanto para viejos amigos como para nuevas generaciones. «Los hijos y nietos de mis clientes vienen aquí; es bonito ver cómo esta tradición sigue viva», añade con una sonrisa.

Así es como el Bar Bosch continúa resistiendo contra viento y marea; un lugar donde cada llagosta cuenta una historia y cada cliente forma parte de su legado. Y si alguna vez te preguntan si está a la venta, Onofre tiene claro lo que quiere: «Este bar no se vende mientras yo viva».

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