En un giro inesperado, la vieja prisión de Palma se ha convertido en un lugar donde el negocio y la ilegalidad se entrelazan. Aquí, algunas mafias han encontrado la forma de alquilar celdas por 350 euros al mes. Mientras tanto, el Ayuntamiento mira hacia otro lado, como si no pasara nada. ¿De verdad es esto lo que queremos?
La noticia nos deja a todos con una sensación amarga. La antigua cárcel, símbolo de tiempos difíciles, ahora se convierte en un espacio donde el crimen parece encontrar cobijo. Las voces de los vecinos resuenan con indignación: «¿Hasta cuándo permitiremos que esto suceda?» Nos preguntamos si las autoridades están tan desconectadas de la realidad que no ven cómo este tipo de situaciones afectan a nuestra comunidad.
Un problema creciente
La historia no termina aquí. El impacto social va más allá del alquiler de celdas; estamos hablando de un monocultivo turístico que tiramos a la basura mientras nuestras calles claman por atención y soluciones reales. Si las instituciones no actúan pronto, este escenario solo será el inicio de algo mucho más grave.
Así que nos encontramos ante una encrucijada: o tomamos cartas en el asunto o aceptamos ver cómo nuestra ciudad se transforma en un terreno abonado para actividades ilícitas. Es hora de levantar la voz y exigir cambios antes de que sea demasiado tarde.

