Imagina que alguien tiene acceso a tu teléfono, tus mensajes y hasta a tus fotos, todo sin que te des cuenta. Esto ya no es solo una película de ciencia ficción; es una realidad muy cercana gracias al stalkeware, un software espía que permite vigilar teléfonos móviles a la sombra. Y ahora, gracias a un hacktivista llamado Wikkid, sabemos que más de 536.000 usuarios han caído en esta trampa.
Una filtración alarmante
Wikkid ha decidido desenmascarar a quienes están detrás de estas aplicaciones invasivas robando y publicando información personal de medio millón de personas. ¿Cómo lo hizo? Aprovechó un fallo sencillo en los sitios web para acceder a datos sensibles como direcciones de correo electrónico y registros de pagos. Este escándalo ha puesto en evidencia la falta de control sobre la privacidad en internet.
No solo se han revelado correos electrónicos; también se han hecho públicos los tipos de servicios contratados y los últimos dígitos de las tarjetas con las que se realizó el pago. Los nombres Geofinder y uMobix ya suenan familiares para muchos, pues son solo algunos ejemplos del arsenal disponible para aquellos dispuestos a espiar.
Lo más inquietante es que estos programas suelen presentarse como herramientas inofensivas, incluso como control parental, pero utilizar este tipo de software sin consentimiento es ilegal y éticamente cuestionable. La línea entre protección y violación de la intimidad se vuelve cada vez más difusa.
Así que, si alguna vez te encuentras con un mensaje sospechoso o una aplicación desconocida en tu dispositivo, recuerda: puede que estés siendo vigilado sin saberlo. La tecnología avanza rápido, pero nuestra responsabilidad sobre cómo la usamos debería seguirle el paso.

