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Un misterio sin resolver: la trágica historia de Juana en el cementerio de Palma

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Era un día cualquiera, un 1 de septiembre de 1980, cuando Juana T.R., una mujer de 49 años que vivía en la calle Balmes, decidió visitar el cementerio de Palma. Su intención era preparar las tumbas para la festividad de Tots Sants. Sin embargo, lo que iba a ser una tarde tranquila se tornó en una pesadilla. De repente, entre los matorrales y las lápidas, alguien salió y atacó a Juana con un puñal. Ella logró llegar tambaleándose hasta la puerta principal del cementerio y pidió ayuda. «Me han asaltado dentro», decía mientras su cuerpo se desangraba.

Una lucha por la vida y un crimen sin respuesta

Juana había tenido un encuentro con su hijo esa misma tarde, pero le dijo que volvería a casa. Nadie podría imaginar que al caer la noche ella se convertiría en víctima de este crimen brutal. A las ocho, dos jóvenes en moto vieron cómo salía descalza y herida del camposanto. Con urgencia, detuvieron a un conductor para llevarla al hospital Virgen de Lluc, pero fue demasiado tarde; había recibido múltiples puñaladas y falleció antes de llegar.

A medida que los agentes de la Policía Nacional llegaban al lugar del crimen, comenzaron a cerrar puertas y buscar pistas entre las sombras del cementerio. Mientras tanto, el asesino ya había tenido tiempo suficiente para escapar por los muros o esconderse entre los recovecos del lugar. La búsqueda fue intensa pero infructuosa.

Cerca de la entrada principal encontraron un rastro de sangre y algunos objetos personales de Juana: sus pendientes y zapatos perdidos durante su lucha desesperada contra el agresor. Curiosamente, llevaba consigo su bolso lleno de pertenencias valiosas; esto llevó a los investigadores a descartar el robo como motivo del ataque.

Lo más inquietante fueron las palabras que pronunció Juana antes de perder el conocimiento: «salió de entre unos matorrales». ¿Acaso conocía a su atacante? Las preguntas flotaban en el aire mientras los policías interrogaban a quienes estaban allí ese día e incluso a empleados del cementerio.

La investigación se complicó aún más por incidentes previos protagonizados por internos del psiquiátrico cercano; varias mujeres habían sido atacadas anteriormente sin que jamás se hallara al responsable. Un mando policial resumió lo ocurrido con una frase inquietante: «Fue como una sombra: salió, mató y volvió a desaparecer». Y así quedó esta historia sin resolver, dejando tras de sí solo preguntas e incertidumbre sobre quién era realmente esa sombra.

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