En el corazón de la barriada del Amanecer de Palma, hay un parque que ha vivido muchos cambios. Este espacio verde, antes olvidado y lleno de vegetación marchita, se ha transformado tras las quejas de los vecinos. La Conselleria d’Educació escuchó sus voces y lo limpió, dejando atrás el abandono. Sin embargo, a pesar de esta mejora, el parque sigue siendo refugio para quienes no tienen un techo bajo el cual resguardarse.
Entre ellos está Ignasi, quien ha encontrado en este rincón su hogar. Hace poco, sus pertenencias fueron recolectadas por Emaya y repartidas por todo el lugar. Pero eso no detuvo su espíritu; él decidió establecerse en una zona cubierta por la vegetación, justo al lado del aparcamiento del Conservatorio.
Un mensaje lleno de humanidad
Consciente de su situación y buscando crear un ambiente respetuoso entre los visitantes del parque, Ignasi dejó una nota escrita a mano en una libreta que habla más que mil palabras. En ella expresa: ‘Buenas. Vivo en este parque y, aunque soy un desastre, lo mantengo lo más limpio que puedo. Si vienes aquí respeta y déjalo igual o mejor que lo encontraste. Sigue viniendo. Gracias.’
Este sencillo mensaje revela la sensibilidad de quien habita un lugar al que no eligió llegar pero donde trata de aportar algo positivo. Junto a su carrito de bebé –donde asoma un peluche enorme– también ha dejado envases para recoger tapones; es como si quisiera recordarnos que incluso aquellos en situaciones difíciles pueden hacer algo por cuidar su entorno.
No es solo él quien enfrenta esta dura realidad; cerca hay otro pequeño asentamiento resguardado contra la pared con mantas y algunas pertenencias esenciales. Son rostros invisibles para muchos pero cuya lucha diaria nos interpela como sociedad.
En este parque del Conservatorio, cada esquina cuenta una historia; historias como la de Ignasi nos invitan a reflexionar sobre nuestras propias actitudes y la importancia del respeto mutuo en espacios compartidos.

