Imagina que tu bebé acaba de nacer y, en lugar de elegirle un nombre de inmediato, te ves sumido en un mar de posibilidades. Eso es lo que le está ocurriendo a Asa Steinars, una influencer islandesa que ha compartido su experiencia con el mundo. Su pequeño, nacido hace apenas dos meses, aún no tiene nombre oficial. En Islandia, esto no es algo inusual; aquí el proceso puede alargarse semanas o incluso meses.
Asa ha optado por llamarle “little brother”, mientras reflexiona sobre las distintas opciones disponibles. ¿Y cómo funciona este curioso sistema? A diferencia de España, donde hay un plazo de 10 días para registrar el nombre del recién nacido, en la tierra del fuego y el hielo se permite hasta seis meses. Esto da a las familias tiempo suficiente para pensar bien la elección.
La tradición detrás de la espera
Este fenómeno tiene raíces profundas en la cultura islandesa. Cada nuevo nombre debe ser aprobado por un Comité de Nombres que asegura que cumple con los requisitos lingüísticos y culturales del país. No es solo una cuestión estética; también tienen que verificar que el nombre pueda escribirse y pronunciarse correctamente en islandés y que no contenga letras ajenas al alfabeto local.
Aquí es donde se complica un poco la cosa: muchos nombres comunes en otras partes del mundo han sido rechazados simplemente porque no encajan con las normas lingüísticas islandesas. Por eso, algunos padres pueden encontrarse con la difícil tarea de cambiar sus elecciones tras recibir una negativa.
Así que si alguna vez te preguntas por qué un bebé islandés podría estar sin nombre durante semanas o meses, recuerda esta rica mezcla de tradición y burocracia. Al final del día, lo importante es encontrar ese nombre perfecto que conecte con la historia familiar y cultural.

