La Fundació Miró Mallorca nos invita a sumergirnos en una etapa fascinante del artista, una época donde la creatividad se desborda tras su llegada a la isla. Esta nueva exposición, titulada Retrobar Miró. La guspira màgica, reúne un total de 240 obras que incluyen pinturas, bocetos y esculturas. Es un viaje que nos permitirá explorar sus pensamientos y materiales hasta el 17 de enero de 2027.
Una mirada renovadora hacia el pasado
Antònia Maria Perelló, directora de la fundación y comisaria de esta muestra, subraya que este evento no solo es una continuación de lo visto anteriormente en Paysage Miró, sino que es un reflejo profundo de los últimos 35 años del genial catalán. Al llegar a Mallorca en 1956, Miró encontró un nuevo hogar, un espacio donde cuestionar su trayectoria y romper con las convenciones.
“Mallorca fue para él tan crucial como París o Nueva York”, afirma Perelló con firmeza. En esas letras dejó claro: “En Mallorca comencé a hacer mi autocrítica, fui despiadado conmigo mismo”. Con estas palabras entendemos que su estancia aquí fue un periodo decisivo para reinventarse.
No se trataba solo de crear; era también sobre redescubrirse. El arte dejaba de ser algo estático y se convertía en una herramienta vital para el cambio personal. Y es que en su taller todo cobra sentido: desde las tablas manchadas hasta las obras ya finalizadas que decidía transformar por completo.
Aquí el concepto de materialidad se vuelve esencial; a Miró ya no le interesaban las telas blancas e impolutas, prefería dar vida a una superficie ya utilizada. Como dice Perelló, “es un símbolo; le importa más avanzar y hacer nuevas propuestas”. En ese contexto, revisitar lo antiguo no es solo nostalgia; es parte fundamental del proceso creativo.
A través de la exposición también se destaca su relación con figuras como el arquitecto Josep Lluís Sert o Modesto Urgell, su primer maestro. Cada uno ha dejado una huella profunda en su arte, algo palpable al observar sus trabajos más recientes donde los ecos del pasado resuenan con fuerza.
No podemos olvidar la experiencia interactiva que propone esta muestra; cada visitante recibirá una tarjeta donde podrá añadir frases inspiradoras mientras recorre las salas. Así, todos podremos llevarnos un pedacito del legado mironiano con nosotros.
Con esta inauguración, la Fundació vive uno de sus momentos más álgidos. Javier Bonet, primer teniente de alcalde y regidor de Cultura, asegura que esto marca un paso importante hacia la excelencia cultural en Palma y refuerza la candidatura para convertirla en capital europea de cultura en 2031.

