Joan Pere Carbonell ha vivido una experiencia que muchos solo podrían soñar. Tras completar siete maratones en siete días y recorrer los siete continentes, su sonrisa lo dice todo. Aunque no le resultó fácil, se siente «muy contento» con el objetivo alcanzado, aunque confiesa que «no esperaba que fuese tan duro como ha sido». Este reto fue verdaderamente exigente y, como él mismo dice, cada carrera tuvo sus particularidades.
Retos y adversidades a lo largo del camino
Comenzó en la fría Antártida, donde el viento se convirtió en su enemigo más temido. A pesar de las bajas temperaturas, Joan se mantuvo abrigado, pero ese viento cortante le hizo pasar momentos difíciles. Luego vino Ciudad del Cabo, donde por fin encontró un poco de calma; allí se sintió genial gracias a unas condiciones climáticas ideales. Sin embargo, al llegar a Australia la situación cambió drásticamente: «El termómetro marcaba 40 grados», recuerda entre risas mientras evoca cómo lidiaron con una temperatura que superaba los 35.
La aventura continuó y cada maratón era un nuevo capítulo lleno de desafíos. En Dubai, aunque parecía ser un buen día para correr, ya arrastraba algunas molestias físicas. Madrid y Fortaleza fueron más llevaderas comparadas con lo que le esperaría en Miami: «Sufrí mucho allí», admite. La combinación del frío intenso con problemas intestinales y rodillas cansadas casi lo detiene.
Aun así, Joan no perdió el ímpetu y aprovechó cada minuto de espera en aeropuertos o aviones para descansar. Su estrategia alimentaria fue crucial; mientras otros esperaban comida rápida, él tenía todo preparado para salir corriendo al aterrizar. «Lo más difícil fue gestionar la alimentación», reconoce sobre cómo su cuerpo no estaba acostumbrado a tantos suplementos deportivos.
En definitiva, esta hazaña es un testimonio de cómo la fuerza mental puede llevarte lejos. Joan cree firmemente que si te propones algo y luchas por ello, puedes lograrlo. Y eso es exactamente lo que ha hecho este valiente corredor.

