En el corazón de Palma, la pasión por el RCD Mallorca se siente más viva que nunca. Pero hay algo que no cuadra en esta historia. Alfonso Díaz y Pablo Ortells, dos nombres clave en la directiva del club, llevan meses navegando en aguas turbulentas. Aunque han sido considerados los mejores gestores de los últimos años, su relación con los aficionados está marcada por una creciente desconfianza.
La reciente rueda de prensa sobre el mercado de fichajes fue un claro ejemplo. Mientras Ortells afirmaba que «hemos gastado lo que teníamos», muchos se quedaron con la sensación de improvisación en el aire. ¿Qué nos están diciendo realmente? En lugar de respuestas claras, recibimos evasivas y contradicciones. Como bien apunta Alejandro Vidal, la sinceridad construye puentes, pero ellos parecen haber olvidado esa lección crucial.
Un camino lleno de sombras
Díaz, por su parte, intentó dar un mensaje positivo al afirmar que «el dinero está en el césped», pero eso no es suficiente para calmar a una afición inquieta. Todos sabemos del malestar causado por decisiones anteriores, como la indemnización relacionada con el Restaurante Presuntuoso o las inversiones cuestionables. La comunidad bermellona quiere ver resultados concretos; no solo palabras vacías.
No se trata solo de hacer negocios; se trata también de defender nuestra identidad ante los ojos del aficionado. En este sentido, ambos directivos deberían aprender a conectar más con nosotros, a ser menos fríos y más humanos en sus discursos. Porque al final del día, somos nosotros quienes llenamos las gradas y vibramos con cada jugada.
A pesar de sus logros indiscutibles—como mantenernos en Primera División—la realidad es que su gestión necesita un cambio urgente hacia una mayor empatía y autocrítica. Los aficionados merecemos ser escuchados y comprendidos, no tratados como meros números o estadísticas.

