Era el verano de 1982, un verano que los vecinos de Llucmajor jamás olvidarían. La tranquila vida en la finca de Vallgornera se vio abruptamente sacudida por un crimen que dejó a todos con el corazón encogido. Juan S.A., un hombre de 55 años, tomó una decisión fatídica aquella calurosa tarde. Con una escopeta de caza en mano, disparó contra su esposa, Isabel G.C., de 47 años, llevándola a la muerte instantánea. Y lo más trágico es que después intentó acabar con su propia vida.
Un amor desbordado por la locura
Ambos habían compartido muchos años juntos, pero no eran tiempos fáciles para ellos. Juan había sufrido una trombosis cerebral y aunque recibió el alta tras unos días en una clínica de Palma, nunca volvió a ser el mismo. Por si fuera poco, Isabel lidiaba con problemas cardíacos que minaban su salud día tras día. En medio de esta tormenta personal, Juan comenzó a desarrollar una obsesión peligrosa: creía firmemente que su mujer le era infiel.
Esa idea lo consumía; cada vez estaba más atormentado por sus celos enfermizos. Así fue como el 16 de julio decidió poner fin a todo. Cargó su escopeta del calibre 12 y se dirigió a donde descansaba Isabel. Sin pensarlo dos veces, apretó el gatillo; el disparo sonó como un eco aterrador en la casa y acabó con la vida de Isabel al instante.
Poco después, intentó suicidarse colocándose la escopeta bajo la barbilla. Pero algo falló: un pequeño movimiento hizo que el tiro saliera desviado solo un centímetro, dejándolo gravemente herido y desfigurado para siempre.
Aquellos gritos desgarradores alertaron a familiares cercanos que llegaron rápidamente para encontrar la escena dantesca: Isabel sin vida y Juan luchando por sobrevivir. Fue hospitalizado y aunque lograron reconstruir parte del daño causado por el disparo, las secuelas perduraron.
A medida que transcurría el tiempo comenzaron a surgir rumores sobre un posible pacto entre ambos para acabar con sus vidas debido a sus depresiones; sin embargo, nada se confirmó al respecto. El juicio llegó pronto; fue juzgado el 22 de junio de 1983 ante la Sección Segunda de la Audiencia de Palma. La imagen del acusado incapaz incluso de mantenerse en pie debido a sus heridas generó conmoción entre los presentes.
A pesar del horror del crimen cometido, Juan fue absuelto gracias a sus problemas mentales y quedó bajo tutela sanitaria; una decisión controvertida que generó debate en toda España.

