Este año, la Superbowl, el evento deportivo más esperado en Estados Unidos, llega cargada de tensión. Mientras los New England Patriots y los Seattle Seahawks se preparan para enfrentarse en el terreno de juego, las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han dejado su huella en el ambiente festivo. La NFL ha decidido que no habrá presencia antiinmigración durante el evento, una medida necesaria tras las críticas recibidas.
Artistas contra corriente
En el escenario estarán dos grandes artistas: Bad Bunny, quien ha mostrado su apoyo a la comunidad inmigrante, y Green Day, que no ha dudado en alzar la voz contra Trump. Ambos nombres son una declaración de intenciones sobre lo que representa este evento. La jefa de seguridad de la NFL, Cathy Lanier, aseguró que «no habrá actividades de control migratorio planificadas», dando un respiro a los asistentes preocupados por su seguridad.
El alcalde de San Francisco, Daniel Lurie, se mostró confiado en que todo saldrá bien a pesar del clima político tenso: «Vamos a garantizar la seguridad de todos nuestros residentes y visitantes». Sin embargo, las palabras del presidente Trump sobre el evento han sido claras: él no asistirá porque «está muy lejos» y considera que dura demasiado. Con solo un 25% de apoyo en California según encuestas recientes, parece que esta Superbowl no será del agrado para todos.
Lo cierto es que tanto Bad Bunny como Green Day han hecho eco del descontento con la administración actual y sus políticas migratorias. Tras recibir críticas por su postura, Trump se ha declarado «anti-ellos», describiendo sus actuaciones como algo que solo siembra odio. En respuesta a esto, Kid Rock anunció un festival alternativo como contrapartida al espectáculo principal.
A medida que nos acercamos al gran día, queda claro que este evento va más allá del deporte; es un reflejo de la lucha social y política actual en EE.UU., donde cada actuación tiene mucho más peso del que parece.

