La historia del Mallorca en el Camp Nou tuvo un comienzo prometedor, pero pronto se desvaneció en la bruma del fútbol. El técnico Jagoba Arrasate, con su estrategia defensiva bien pensada, mostró una idea que parecía sólida al inicio. Sin embargo, pronto quedó claro que no se puede plantar cara a un gigante como el Barcelona sin tener una amenaza real en ataque.
Un primer tiempo esperanzador
El primer tiempo fue un tira y afloja donde el equipo bermellón logró contener las acometidas del Barça, gracias a Jan Virgili. Este joven extremo dejó claro que podía ser un dolor de cabeza para Jules Koundé, creando ocasiones y acercándose peligrosamente a la portería rival. Muriqi estuvo cerca de hacer estallar la ilusión con un disparo que se fue desviado por poco. «Tuvimos nuestras oportunidades», dijo Muriqi después del partido, aunque la realidad es que los goles son los que marcan la diferencia.
A pesar de no tener la posesión, el Mallorca supo jugar sus cartas hasta que Lewandowski rompió la barrera con un gol que llegó casi de rebote. Con 1-0 al descanso, el escenario era incierto; pero tras volver de vestuarios, las cosas se complicaron aún más para los visitantes.
Arrasate tardó en hacer ajustes cuando su equipo empezó a flaquear físicamente y eso les costó caro. En el segundo tiempo, los catalanes impusieron su juego y aumentaron rápidamente la distancia en el marcador. La falta de respuesta del Mallorca fue evidente y dejó una sensación amarga entre aficionados y jugadores.
No aprovechamos nuestro momento”, lamentó Arrasate tras la derrota. La frustración está presente porque sabemos que cada ocasión fallida puede ser crucial en este tipo de partidos. Y así fue como se quedó este plan: lleno de buenas intenciones pero sin el resultado esperado.

