En un giro inesperado, la Audiencia Provincial de Guadalajara ha decidido absolver a un hombre español que residía en Mallorca, quien había sido condenado a dos años de prisión por supuestamente estafar 20.000 euros a un empresario utilizando el temido método ‘man in the middle’. La noticia ha causado revuelo y no es para menos: ¿cuántas veces hemos oído hablar de personas condenadas sin pruebas sólidas?
La historia detrás del fallo
El caso fue juzgado a principios de 2025 en una sala castellana, donde el acusado se conectó mediante videoconferencia desde Palma. En ese momento, el magistrado parecía tener claro que el hombre había interceptado comunicaciones entre un empresario y su contratista. Se decía que manipuló correos y cambió cuentas bancarias, quedándose con más de 20.000 euros. Pero aquí es donde la trama se complica.
El abogado del acusado, Bryan Jiménez, decidió apelar la sentencia inicial, argumentando que no había suficientes evidencias para derribar la presunción de inocencia. Y así fue como la Audiencia Provincial tomó cartas en el asunto. Al revisar el caso, descubrieron discrepancias en las declaraciones; por ejemplo, se dijo que el testigo policial afirmaba que el procesado había abierto una cuenta mediante videoconferencia, pero eso no era cierto.
No hay pruebas definitivas. Sin esa identificación clara durante la ejecución del supuesto fraude, surge la duda: ¿y si realmente hubo una suplantación? Este es un punto crítico que llevó al tribunal a concluir que no se habían presentado pruebas suficientes para desvirtuar lo más importante: la presunción de inocencia del acusado.
Aquí estamos ante otro recordatorio del poder del sistema judicial y cómo puede cambiar vidas con decisiones basadas en hechos sólidos o en vacíos legales. La justicia debe ser ciega, pero también debe ser justa.

