La historia de los vecinos de Menorca es un claro reflejo del drama que enfrentan muchas comunidades en la costa. Tras el desgarrador deslizamiento de tierra que dejó huella y tristeza, las voces de quienes han sido desahuciados resuenan con una fuerza impresionante. Ellos no son solo números en un informe, son personas con historias, sueños y derechos que están en juego.
Un futuro incierto
“Voy a regresar a mi hogar, nadie puede quitármelo”, clama uno de los afectados entre lágrimas y rabia contenida. Este sentimiento se convierte en un eco compartido por todos aquellos que miran al horizonte con incertidumbre. Vivir al borde del abismo tiene sus riesgos y aquí lo saben bien. El peligro no solo acecha desde la naturaleza; también desde las decisiones políticas que parecen ignorar su realidad.
En el fondo, hay una lucha constante contra un sistema que parece dispuesto a “tirar a la basura” la esencia misma de lo que significa vivir en esta isla. La búsqueda desesperada por soluciones habitacionales públicas se ha convertido en una carrera sin fin. En tan solo dos años, el número de personas esperando una vivienda ha duplicado. ¡Es alarmante!
Mientras tanto, otros municipios luchan contra precios exorbitantes donde alquilar es casi un lujo reservado para unos pocos afortunados. ¿Qué futuro les espera? Es hora de dejar claro que estos problemas no son solo cuestiones administrativas; son vidas reales con sentimientos e ilusiones detrás.

