La mañana del domingo comenzó con una escena surrealista en las Avenidas de Palma. A eso de las 07:40, varios conductores se percataron de un coche parado en medio de la calzada, como si estuviera en un mundo aparte. La Policía Local no tardó en llegar al lugar, tras recibir múltiples avisos sobre el curioso incidente.
Una siesta peligrosa
Cuando los agentes de la Unidad Motorizada (UMOT) se acercaron, se encontraron con un turismo que tenía el motor encendido y los cristales empañados. Dentro, tres personas estaban profundamente dormidas. ¿La razón? El conductor, un hombre de 28 años originario de Bolivia, había decidido que era buen momento para una siesta… justo al volante.
Después de varias maniobras para despertarlo, los policías notaron que su aliento hablaba por sí mismo: olía a alcohol y las pruebas confirmaron lo que ya sospechaban. Con un resultado de 0,76 mg/l en aire espirado, estaba muy por encima del límite permitido.
Y aquí viene lo más frustrante: este no es su primer encuentro con la ley. Los agentes descubrieron que ya contaba con antecedentes por delitos similares contra la seguridad vial. Mientras tanto, nosotros nos preguntamos: ¿qué pasa con quienes realmente respetamos las normas? Pagamos seguros de coche e ITV como buenos ciudadanos y otros deciden tirarlo todo a la basura.
No solo fue el vehículo retirado por la grúa municipal; también quedó claro que hay una línea muy fina entre la irresponsabilidad y poner en peligro vidas ajenas. Es indignante ver cómo algunos actúan sin pensar en las consecuencias y mientras tanto nosotros seguimos adelante sin perder el norte. Mañana será otro día y tal vez otra historia más que contar.

