En un mundo donde las tensiones geopolíticas están más altas que nunca, Estados Unidos ha hecho una declaración contundente. El viernes pasado, desde Madrid, el gobierno estadounidense dejó claro que está dispuesto a abrir las puertas a nuevas negociaciones sobre el control de armas nucleares. Pero ojo, porque este nuevo tratado no puede pasar por alto a China, y eso lo saben bien. Sin la inclusión del gigante asiático, se corre el riesgo de dejar a EE.UU. y sus aliados «menos seguros».
Un nuevo enfoque para tiempos complicados
Después de que el último pacto entre Washington y Moscú se desvaneciera como un castillo de naipes, Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, nos recuerda que estamos en una «nueva era». Su mensaje es claro: no se trata solo de prolongar lo antiguo; necesitamos algo fresco y audaz. «La cuestión del control de armas nucleares ya no puede ser solo entre nosotros y Rusia», dice con firmeza.
Pero aquí está la clave: si no se toma en cuenta la explosiva expansión nuclear de China -que ha triplicado su arsenal desde 2020- los modelos tradicionales quedan obsoletos. No podemos quedarnos sentados mientras Pekín crece sin control; según estimaciones, podrían superar las mil ojivas para 2030. Eso nos obliga a replantear nuestra estrategia.
Rubio fue aún más allá al afirmar que cualquier futuro tratado debe incluir a todos los actores relevantes, especialmente China. No hay lugar para términos que perjudiquen a Estados Unidos o ignoren incumplimientos pasados. La posición es firme: negociar desde una base sólida es esencial.
Este llamado también refleja la postura del presidente Trump sobre crear un tratado «nuevo y mejorado», uno que realmente funcione en este complejo panorama mundial post-Nuevo START. Así que mientras el reloj avanza y las tensiones aumentan, queda claro que la búsqueda por un mundo con menos armas nucleares sigue viva.

