Imagina esto: una joven estudiante, cansada de las distracciones que le provoca su móvil mientras intenta estudiar Derecho Romano. Su nombre es María, y decidió que era hora de ponerle fin a esa lucha diaria con el tiempo y las notificaciones constantes. ¿La solución? Congelar su teléfono. Sí, como lo oyes.
En un intento por concentrarse, María tomó un bloque de hielo y metió allí su iPhone 11. «He metido mi móvil para no distraerme y ahora me estoy grabando con el de mi madre», contaba en su TikTok mientras mostraba cómo había protegido su dispositivo en plásticos para que no se mojara. La idea era simple: estudiar hasta que el hielo se derritiera.
Una espera desesperante
Pasaron más de sesenta minutos y el bloque seguía intacto. «Voy a encender una velita para ponerla al lado del móvil y que le dé un poco de calor porque a este paso no lo voy a recuperar en la vida», decía, entre risas nerviosas y algo frustradas. Pero claro, con cada minuto que pasaba, la situación se volvía más insostenible.
María intentó incluso picar el hielo con un cuchillo; la desesperación empezaba a hacerse evidente cuando confesó: «Ya estoy absolutamente cansada, quiero mi móvil». A pesar de sus esfuerzos, cuando finalmente logró sacar el teléfono del hielo, este estaba empapado y muerto.
A los dos días aún no había dado señales de vida. Con resignación, María reflexionó sobre su experimento fallido: «Me quedo con la parte positiva y es que voy a poder estudiar muchísimo más», decía mientras contenía las lágrimas al darse cuenta del desastre tecnológico que acababa de vivir.

