En la intensa batalla por alcanzar los octavos de final de la Youth League, el Athletic Club se encontró en una situación digna de un thriller. Dos veces lograron adelantarse en el marcador frente al Eintracht, pero al final, todo se decidió desde el punto fatídico. Un desenlace que dejó un sabor agridulce y muchas emociones a flor de piel.
Un duelo lleno de alternativas
El partido terminó con un empate 2-2 tras un tiempo reglamentario lleno de altibajos. El héroe inesperado del encuentro fue Amil Siljevic, el joven portero del Eintracht que, con apenas 19 años, se convirtió en el protagonista al detener los lanzamientos de Urzaiz y Quintero. La grada más entregada de Lezama estalló en celebraciones alemanas mientras Gift, capitán del Athletic, no pudo evitar pedirles que abandonaran su fiesta e hicieran sus celebraciones lejos del campo.
A pesar de que los rojiblancos habían llegado a este punto con una trayectoria sólida durante la fase previa —tres victorias y dos empates— no pudieron llevarse la victoria en casa. Y es que el Eintracht llegó con menos puntos y una racha poco favorable: tres derrotas y solo una victoria en sus últimos cinco partidos europeos.
Desde el pitido inicial, dirigido por Bittor Llopis, los cachorros mostraron su valía. Enseguida se pusieron por delante gracias a un golazo de Oyono tras un centro preciso de Adrián. Con el presidente Jon Uriarte presente en las gradas apoyando al equipo, todo parecía sonreírle al Athletic.
Sin embargo, los alemanes comenzaron a despertar y buscaron igualar las cosas. Eisele tuvo una oportunidad clara para empatar antes del descanso pero falló increíblemente frente a Simón. Pero como suele pasar en el fútbol, cuando uno falla… otro acierta; así fue como Eisele logró anotar justo después para poner las tablas antes del intermedio.
La segunda parte estuvo marcada por la tensión y la estrategia; ambos equipos sabían que cada acción contaba. Finalmente llegó el momento decisivo cuando Dzanovic empató para los alemanes sobre la hora de juego. Con todo igualado y sin prórroga a la vista, solo quedaban los penaltis para decidir quién avanzaría.
Aquí es donde entraron en juego las emociones más intensas: cada penalti era un golpe al corazón tanto para jugadores como aficionados. Al final, esa tanda cruel dejó a muchos lamentándose por lo que pudo ser y no fue.

