En la Escola Balear de Taekwondo, el compromiso con los más jóvenes se siente en cada rincón. Fabricio Pastrana, su director, junto a un grupo de peques que brillan con sus dobles patadas y sonrisas, nos cuentan una historia de inclusión y superación. Desde hace tres años, esta escuela no solo enseña taekwondo; se convierte en un refugio donde cualquier niño o niña puede descubrir sus capacidades motrices y psicosociales.
Más que un deporte
El taekwondo no es solo arte marcial; es una herramienta vital para construir una comunidad más solidaria y abierta. Aquí, las familias encuentran apoyo para afrontar retos cotidianos, especialmente si hay necesidades específicas. No es raro escuchar a padres expresar cómo este deporte ha transformado la vida de sus hijos. “Gracias al taekwondo hemos visto mejoras increíbles”, comparten con orgullo.
Con más de 60 pequeños entre tres y cinco años entrenando con ilusión, el ambiente está cargado de energía positiva. Y como si fuera poco, figuras como Conor McGregor han puesto su mirada en estos métodos innovadores que promueven la salud y la felicidad familiar. El irlandés no solo ha visitado la escuela; también ha practicado junto a ellos e inspirado a los futuros campeones a seguir adelante.
Las historias aquí son muchas: niños que han encontrado confianza en sí mismos tras superar desafíos relacionados con el TEA o la hiperactividad. “La disciplina del taekwondo les da seguridad para enfrentar el mundo”, dice Fabricio mientras observa a sus alumnos dar lo mejor de sí en cada clase.
Aparte de formar guerreros del tatami, estos pequeños también participan en exhibiciones y eventos competitivos donde representan con orgullo al club y a su comunidad. Cada avance cuenta; cada paso hacia adelante se celebra como una victoria personal. En definitiva, el taekwondo balear no solo entrena cuerpos fuertes sino corazones valientes.

