En un giro inesperado de los acontecimientos, Sarah Ferguson, la exduquesa de York y esposa de Andrés Mountbatten-Windsor, ha tomado una decisión que ha dejado a muchos con la boca abierta: cerrar su fundación benéfica, Sarah’s Trust. Esta noticia llegó como un torrente el pasado martes, justo después de que se hicieran públicos unos correos electrónicos que demuestran sus conexiones con el infame Jeffrey Epstein, un delincuente sexual cuyo legado está manchado por el horror.
La verdad sale a la luz
Un portavoz de la fundación –que fue creada en 2020 para luchar contra la pobreza extrema y la crisis medioambiental– comentó que tras “meses de conversaciones exhaustivas” se llegó a esta difícil conclusión. Y es que no es fácil llevar el peso de las consecuencias cuando tu nombre queda asociado al de una figura tan polémica. Estos correos fueron hallados entre los tres millones de documentos publicados por el Departamento de Justicia británico y revelan que Ferguson mantuvo una relación con Epstein incluso después de su condena por crímenes horrendos.
Aunque han anunciado el cierre, hay espacio para la esperanza: se plantea una posible reapertura en el futuro. Pero, ¿quién querría asociar su nombre a algo tan manchado? La fundación tenía como objetivo apoyar movimientos ambientales y sociales, pero ahora enfrenta una dura realidad.
No olvidemos que Epstein fue arrestado en julio de 2019 por tráfico y abuso sexual. Su vínculo con personajes destacados del ámbito político y social solo añade más leña al fuego. Sin duda, este desenlace nos recuerda cómo las decisiones pueden tener repercusiones inesperadas y devastadoras.

