En un giro que muchos consideraban necesario, Pedro Sánchez, nuestro presidente, ha decidido dar un paso firme hacia la protección de los más jóvenes. Durante su intervención en la Cumbre Mundial de los Gobiernos en Dubái, anunció un veto a las redes sociales para menores de 16 años. «Nuestros hijos no deberían navegar solos por un océano lleno de peligros», expresó con contundencia. Y es que, detrás de esta decisión se esconde una preocupación real: el bienestar de nuestros chavales en un mundo digital que a menudo parece descontrolado.
¿Cómo funcionará este veto?
La idea no es nueva; Australia ya marcó el camino el año pasado, imponiendo restricciones similares y convirtiéndose en pionera en este ámbito. Le siguió Francia, donde la prohibición afecta incluso a menores de 15 años. En nuestro caso, Sánchez propone medidas contundentes: los directivos serán responsables legales por cualquier infracción cometida en sus plataformas, y se regulará la manipulación de algoritmos. Además, las redes deberán implementar sistemas efectivos para verificar la edad antes de permitir que alguien cree una cuenta.
Sin embargo, esto no se detiene ahí. Se planea crear un sistema que permita rastrear y cuantificar contenidos nocivos, estableciendo así lo que han llamado una Huella de Odio y Polarización. Es hora de poner fin a la impunidad y asegurar que estas plataformas asuman su parte del juego. Nos encontramos ante un momento crucial donde podemos tomar decisiones firmes por el futuro digital de nuestros hijos.

