Este lunes, Palma amanecía con un viento implacable que, conforme avanzaba la tarde, dejaba una estampa inquietante en nuestras costas. El aviso amarillo por fenómenos costeros no era solo un papelito; estaba tomando vida en cada rincón de Mallorca y las Pitiusas. En Cala Canta, en el Coll d’en Rabassa, las rachas mar-tierra han hecho de las suyas: la arena ha decidido atravesar el murete y hacerse dueña del paseo peatonal y del carril bici, creando pequeñas dunas donde antes solo había un camino.
Un fenómeno sorprendente que incomoda a los vecinos
Los residentes de la zona observaban atónitos cómo la playa iba perdiendo terreno ante el empuje del mar. Esta imagen, aunque curiosa y casi mágica, revela un problema serio: la arena atrapada entre adoquines forma parte de un hábitat que no le corresponde. Y lo peor es que se acerca peligrosamente a casas y locales a pie de playa.
A medida que los accesos a la playa se convertían en una especie de pasadizo arenoso, peatones y ciclistas se encontraban con obstáculos inesperados. Con pocas personas circulando por allí en una tarde marcada por rachas de viento cada vez más intensas, la acumulación de arena lejos de su hogar natural comenzaba a ser evidente. Y ahí estábamos nosotros, observando cómo este fenómeno afecta no solo nuestro entorno cotidiano sino también al ecosistema marítimo que tanto valoramos.

