En un giro inesperado de los acontecimientos, el Ejército ugandés ha hecho un llamamiento a Estados Unidos para que deje de lanzar advertencias al país. Todo esto surge después de una serie de declaraciones incendiarias del general Muhoozi Kainerugaba, quien, además de ser jefe de las Fuerzas Armadas, es hijo del presidente. Este fin de semana, el general acusó a Washington de estar al lado del líder opositor Bobi Wine, lo que desató una tormenta diplomática.
El jueves pasado, Kainerugaba no tuvo reparos en señalar que Wine se encontraba “en coordinación con la actual administración de la Embajada estadounidense en Uganda”. La tensión llegó a tal punto que ordenó suspender toda cooperación con Estados Unidos, incluyendo operaciones conjuntas contra el grupo yihadista Al Shabaab en Somalia. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que el general borrara sus mensajes y pidiera disculpas a sus “grandes amigos” en EE.UU., alegando haber recibido “información falsa” y prometiendo que la colaboración militar continuaría como siempre.
La respuesta ugandesa ante la presión
A pesar de estos intentos por calmar las aguas, los comentarios del general han encendido la ira del senador republicano Jim Risch, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado estadounidense. Este legislador ha instado urgentemente a “revisar la cooperación en materia de seguridad” con Uganda. Pero aquí es donde entra Chris Magezi, portavoz del Ejército ugandés, quien no se ha quedado callado: advirtió al senador Risch sobre las consecuencias de seguir amenazando y afirmó que “la relación beneficiosa entre nuestros dos países no va a cambiar por culpa de un senador desobediente y rebelde”. En palabras contundentes añadió: “Las amenazas e intimidaciones extranjeras son tácticas coloniales obsoletas que serán resistidas con firmeza”. Una advertencia clara y directa que refleja cómo Uganda está decidida a defender su soberanía frente a cualquier injerencia externa.

