El ambiente en el Santiago Bernabéu se volvió a cargar de tensión en el encuentro contra el Rayo Vallecano. Desde que los jugadores salieron a calentar, los pitos resonaron como un eco que anticipaba lo que estaba por venir. Vinicius y Bellingham, nuevamente, fueron quienes se llevaron la peor parte de las críticas. A pesar del intento del público por apoyar al equipo, el malestar por la reciente derrota ante el Benfica pesaba como una losa.
Un recibimiento hostil
Cuando las alineaciones se anunciaron por megafonía, la bronca fue casi ensordecedora para estos dos futbolistas. Mientras tanto, otros compañeros se llevaban un trato más benevolente. Hasta hubo un momento para aplaudir al tenista Alcaraz tras su victoria en Australia, pero eso no detuvo la tormenta que se avecinaba cuando comenzó el partido.
Aunque durante los primeros minutos algunos jugadores como Huijsen o Camavinga comenzaron bien, fue Vinicius quien acaparó más abucheos. Sin embargo, esta vez tuvo su momento de redención con una jugada brillante que hizo vibrar a la grada, aunque no duró mucho: los pitos regresaron rápidamente tras una ocasión clara del Rayo. Y cuando Bellingham tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión, sorprendentemente recibió más aplausos que pitos; señal de que muchos aún tienen fe en él.
No obstante, ese clima tenso contrastó con lo sucedido hace dos semanas frente al Levante, donde los gritos y pañuelos eran un reflejo del descontento generalizado tras las últimas derrotas. En aquel entonces, hasta Florentino Pérez sintió la presión desde el palco. Ahora, con este nuevo revés ante el Benfica y bajo una nueva lluvia de silbidos, es evidente que algo debe cambiar si quieren volver a conectar con su afición.
Así va rodando este ciclo complicado para nuestros jugadores; la afición pide respuestas y quiere ver acción en cada pase y cada jugada. La historia continúa escribiéndose en un Bernabéu que espera más de sus héroes.

