El pasado 29 de enero, el Auditorium de Palma se llenó de emoción con la actuación de la Orquesta Filarmónica de Málaga, dirigida por José María Moreno y acompañada del talentoso Alekséi Volodin al piano. Esta velada musical no fue solo un recital, sino una experiencia que nos recordó que el silencio, a menudo olvidado, también es parte fundamental de la música.
En esta ocasión, se interpretaron obras memorables de Rachmaninov y Chaikovski. Y es que, como bien sabemos, sin silencio no hay melodía. Chaikovski dejó un legado impresionante con su Sexta Sinfonía, conocida como Patètica. El último movimiento, un hermoso testamento lleno de sentimiento y dolor, resonó profundamente en cada rincón del auditorium. La manera en que Moreno logró profundizar en esos segundos eternos de silencio tras las notas finales fue verdaderamente conmovedora.
Una noche llena de matices
A lo largo del concierto, se notó la energía vibrante del tercer movimiento; una marcha contenida que llevó a todos al borde del asiento. La orquesta presentó una plantilla joven y fresca, especialmente en los violines. Aunque hubo momentos donde el sonido podría haber sido más contundente –un detalle a mejorar para futuras actuaciones– las secciones de violas y contrabajos brillaron con fuerza.
Sin embargo, fue Alekséi Volodin quien robó todas las miradas durante el Concierto para piano número 3 de Rachmaninov. Su interpretación estaba llena de ímpetu y musicalidad; cada pasaje cobraba vida bajo sus manos expertas. El público respondió pidiendo un bis –un gesto claro que demuestra cómo conectó con ellos– y así pudimos disfrutar de una encantadora versión para piano de un pas a deux de La bella durmiente.
José María Moreno tiene un estilo casi teatral al dirigir; sus movimientos son amplios pero logran extraer lo mejor de sus músicos. En esta actuación demostró ser parte activa del grupo emergente de talentos mallorquines que están conquistando escenarios más allá del archipiélago. Sin duda alguna, vale la pena seguir su carrera.

