Han pasado 15 años desde que Bel Cerdà dejó este mundo, pero su legado sigue vibrando en las calles de Mallorca. Para aquellos que tuvieron el privilegio de compartir momentos con ella, su memoria está llena de colores y sonidos. En una época donde la cultura se alzaba como un grito de identidad, Cerdà se erigió como una figura fundamental del activismo vecinal y la música popular.
Nacida en Palma en 1945, Bel fue mucho más que cantante; era un alma inquieta, fundadora del grupo Sis Som y defensora de nuestras tradiciones. Desde la recuperación de la cabalgata de Reyes hasta las fiestas del barrio, su influencia ha sido innegable. Maribel Pujol Cerdà, su hija, recuerda cómo su madre no solo cultivaba la música; también sembraba sueños y oportunidades para todos. «Era un referente», dice Maribel con orgullo. La cultura es un patrimonio colectivo, y Bel siempre lo entendió así.
Un faro cultural en tiempos convulsos
El impacto de Bel Cerdà se sintió profundamente después de la muerte de Franco. En una sociedad sedienta por recuperar sus raíces, ella fue un pilar incuestionable. No era solo sobre revivir tradiciones; era sobre conectar a las personas con sus propias historias. Jaume Llabrés lo expresa claramente: «Bel tenía una energía contagiosa». Ella rescató melodías olvidadas y ayudó a dar voz a quienes habían quedado silenciados por el tiempo.
Su pasión por la música popular no conocía límites. Creó espacios donde los ancianos podían compartir sus tonades y enseñó a generaciones cómo construir instrumentos tradicionales. La conexión entre pasado y presente era crucial para ella; como decía, «la cultura es nuestra esencia».
Sin embargo, no todo fue sencillo. A pesar de los fracasos –como aquel restaurante que nunca despegó– Bel siguió adelante con el mismo fervor que había caracterizado su vida. Rafa Pizarro recuerda esos días llenos de esfuerzo compartido: «Juntos organizamos cosas maravillosas».
A través del relato de amigos y familiares emerge una mujer fuerte e independiente, capaz de inspirar a otros con su compromiso social y cultural.No hay duda: Bel Cerdà supo hacer del Puig de Sant Pere un lugar lleno de vida e historia.”

